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viernes, 28 de diciembre de 2012

La Cabeza del Rawi


LA CABEZA DEL RAWI


¿Cuentos quieres, niña bella? 
Tengo muchos que contar: 
de una sirena de mar, 
de un ruiseñor y una estrella, 
de una cándida doncella 
que robó un encantador, 
de un gallardo trovador 
y de una odalisca mora, 
con sus perlas de Bassora 
y sus chales de Lahor. 

II 

Cuentos dulces, cuentos bravos, 
de damas y caballeros, 
de cantores y guerreros, 
de señores y de esclavos; 
de bosques escandinavos 
y alcázares de cristal; 
cuentos de dicha inmortal, 
divinos cuentos de amores 
que reviste de colores 
la fantasía oriental. 

III 

Dime tú: ¿de cuáles quieres? 
Dicen gentes muy formales 
que los cuentos orientales 
les gustan a las mujeres; 
así, pues, si eso prefieres 
verás colmado tu afán, 
pues sé un cuento musulmán 
que sobre un amante versa, 
y me lo ha contado un persa 
que ha venido de Hispahán. 

IV 

Enfermo del corazón 
un gran monarca de Oriente, 
congregó inmediatamente 
los sabios de su nación; 
cada cual dio su opinión, 
y sin hallar la verdad 
en medio de su ansiedad, 
acordaron en consejo 
llamar con presura a un viejo 
astrólogo de Bagdad. 


Emprendió viaje el anciano; 
llegó, miró las estrellas; 
supo conocer en ellas 
las cuitas del soberano; 
y adivinando el arcano 
como viejo sabidor, 
entre el inmenso estupor 
de la cortesana grey, 
le dijo al monarca: ?!Oh Rey! 
Te estás muriendo de amor. 

VI 

Luego, el altivo monarca, 
con órdenes imperiosas 
llama a todas las hermosas 
mujeres de la comarca 
que su poderío abarca; 
y ante el viejo de Bagdad, 
escoge su voluntad 
de tanta hermosura en medio, 
la que deba ser remedio 
que cure su enfermedad. 

VII 

Allí ojos negros y vivos; 
bocas de morir al verlas, 
con unos hilos de perlas 
en rojo coral cautivos; 
allí rostros expresivos; 
allí como una áurea lluvia, 
una cabellera rubia; 
allí el ardor y la gracia, 
y las siervas de Circasia 
con las esclavas de Nubia. 

VIII 

Unas bellas, adornadas 
con diademas en las frentes, 
con riquísimos pendientes 
y valiosas arracadas; 
otras con telas preciadas 
cubriendo su morbidez; 
y otras, de marmórea tez, 
bajas las frentes y mudas, 
completamente desnudas 
en toda su esplendidez. 

IX 

En tan preciada revista, 
ve el Rey una linda persa 
de ojos bellos y piel tersa, 
que al verle baja la vista; 
el alma del Rey conquista 
con su semblante la hermosa, 
y agitada y ruborosa 
tiembla llena de temor 
cuando el altivo Señor 
le dice: ?Serás mi esposa. 


Así fue. La joven bella 
de tez blanca y negros ojos, 
colmó los reales antojos 
y el Rey se casó con ella. 
¿Feliz, dirás, tal estrella, 
Emelina? No fue así: 
no es feliz la Reina allí 
la linda persa agraciada, 
porque ella está enamorada 
de Balzarad el rawí. 

XI 

Balzarad tiene en verdad 
una guzla en la garganta, 
guzla dúlcida que encanta 
cuando canta Balzarad. 
Vióle un día la beldad 
y oyó cantar al rawí; 
de sus labios de rubí 
brotó un suspiro temblante... 
Y Balzarad fue el amante 
de la celestial hurí. 

XII 

Por eso es que triste se halla 
siendo del monarca esposa, 
y el tiempo pasa quejosa 
en una interior batalla. 
Del Rey la cólera estalla, 
y así le dice una vez: 
?Mujer llena de doblez: 
di si amas a otro, falaz.? 
Y entonces de ella en la faz 
surgió vaga palidez. 

XIII 

?Sí ?le dijo?, es la verdad; 
de mi destino es la ley: 
yo no puedo amarte, ¡Oh Rey! 
porque adoro a Balzarad.? 
El Rey, en la intensidad, 
de su ira, entonces, calló; 
mudo, la espalda volvió; 
mas se vía en su mirada 
del odio la llamarada, 
la venganza en que pensó. 

XIV 

Al otro día la hermosa 
de parte de él recibió 
una caja que la envió 
de filigrana preciosa; 
abrióla presto curiosa 
y lanzó, fuera de sí, 
un grito; que estaba allí 
entre la caja, guardada, 
lívida y ensangrentada 
la cabeza del rawí. 

XV 

En medio de su locura 
y en lo horrible de su suerte, 
avariciosa de muerte 
ponzoñoso filtro apura. 
Fue el Rey donde la hermosura, 
y estaba allí la beldad 
fría y siniestra, en verdad, 
medio desnuda y ya muerta, 
besando la horrible y yerta 
cabeza de Balzarad. 

XVI 

El Rey se puso a pensar 
en lo que la pasión es, 
y poco tiempo después 
el Rey se volvió a enfermar
.

Rubén Darío.

Visceversa

Tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte

tengo ganas de hallarte
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarte

tengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte

o sea
resumiendo
estoy jodido
y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa.


Mario Benedetti. Andamos de Poetas en la oficina

jueves, 6 de diciembre de 2012

Nueva Extención

Me aburrí de tener un nombre tan grande como 'Bittersweetbutterfliess'. Ahora se llamará Cybercoschca. He dicho :)
The Warden